Háblame de tí, que bonita manera de empezar una conversación!, con un amigo/a, un familiar, con tiempo para escuchar, con las ganas de conocer a fondo a esa persona que ya conoces, pero, seguramente, no es ni por asomo la imagen que cree que da. Sabemos de los demás lo poco o mucho que nos muestran, sus trabajos, sus ocios. Hay quien muestra sus pasiones, sus anhelos, la mayoría quiere agradar, por lo que muestra logros y virtudes, generalmente material, (poca importancia tiene en este caso), la cara más débil se acostumbra a ocultar, los miedos, las tristezas, los fracasos. Pero si queremos conocer a fondo a esa persona, ahí es donde hay que incidir, escuchar, entender, y no juzgar, sobre todo eso.

Aunque sea totalmente contrario a nuestros valores o creencias, aunque sea inmoral, aunque sea ilegal, no somos sus padres, no somos jueces ni policías, sólo escuchamos, ni tan siquiera como un cura, éste te juzgará según las leyes eclesiásticas, no somos nada de ello. Nuestro interlocutor habla en voz alta aquello que ya esta cansado/a de oírse repetir, quizá con la esperanza de liberarse, de encontrar paz, pero sobretodo de encontrar alguien que le escuche y quizás así, encontrar la solución a la que cada uno de nosotros debemos llegar por nosotros mismos, y no esperar que otros lo hagan, sería demasiado fácil.

No es fácil, nada fácil, que una persona diga en voz alta lo que ni ella misma quiera oír. Esa persona se puede avergüenzar, culpabilizar, pero la vida es así. Vivimos conforme a nuestras creencias y experiencias, lo que creemos que está bien o mal, conforme a lo que hemos experimentado y nos han inculcado o transmitido, la “mierda” la tenemos dentro y cuesta mucho cambiarla, sobretodo, cuesta mucho sacrificio  luchar contra aquello que sabemos que nos puede ir mejor, contra esa voluntad de la que cuesta desprenderse.

Me estoy liando y pondré un ejemplo:

Supongamos el caso de una tradición familiar en la que todos son carniceros o charcuteros, y que una persona de la “familia” sea contraria al despiece, manipulación y venta de animales muertos, será, por un lado, apartada de la grupo…, ella se verá incomprendida, despreciada y separada de la familia. ¿Que tenemos ahí?, primero que ante todo la familia es lo importante, y que hay que seguir con la tradición, quitándole importancia a los pensamientos de esa persona individual que quiere apartase y, piensa que no merece pertenecer al “clan”. Después, si la persona no claudica, el “clan” al no poder hacer cambiar de opinión a esa persona, la culpabilizan de no poder hacer lo que la mayoría quiere, la responsabilizan de que los demás se han tenido que adaptar a ella. Y ahí está el error, cada uno es libre de sus actos, ya sea el clan, la familia o el grupo, hay que ser lo suficientemente empáticos y asertivos para respetar con libertad los destinos y voluntades de los demás.

Creo, y es mi opinión personal, que muchas leyes se tendrían que revisar por personas cualificadas, gente con ansia de romper con el pasado de este país y hacer de él un mundo mejor, tanto si piensas de una manera como de otra, NUNCA NOS PONDREMOS DE ACUERDO, ¡NO SE CONSEGUIRÁ!, pero, es que no se trata de eso. Es cuestión de consensuar acuerdos, saber que quieres tú y que quiero yo, no querer imponer el de uno sobre el del otro, sino volveremos a tropezar otra vez en nuestro pasado, nos volveremos a dar de hostias para nada, y la historia demuestra que no beneficia a nadie. Se trata de vivir en paz y dignamente, pero la libertad individual de cada persona, y en la que si tendríamos que estar de acuerdo es que NO ES NO, y esa una linea que nunca se tendría que traspasar. ¡ojo! bajo mi punto de vista.


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