“Y de repente…. lo sentí”…

No, no es el título de ninguna película (aunque bien pudiera serlo), es algo que he percibido….

Me voy a explicar de forma muy breve.  Como «padeciente» de migraña, fatiga crónica, fibromialgia, sensibilización química múltiple, dermografismo atópico y algún otro «diagnóstico» más  que los médicos oficiales se han apresurado a llamar sin ningún tipo de pudor «enfermedades crónicas», cual juez que dictamina sentencia firme sobre la vida de una persona, ósea, yo, creo estar en potestad de explicar qué ha significado para mí conocer a Arturo Goicoechea.

De la invalidez al movimiento; de la profunda desesperación por estar enferma a la certeza de que vivo en un cuerpo sano; de la muerte en vida a la vida con ilusión de futuro.

Ahora sé que la migraña es una «etiqueta». Y ciertamente, una etiqueta muy famosa en la sociedad en general y en el sector médico en particular.  Mi vida dio un giro de 180 grados cuando primero «entendí» y luego «integré» que la migraña (ese dolor insoportable, insufrible y deprimente) es una creencia, una falsa alarma, una activación de amenaza inexistente, una película de terror montada y dirigida  por un cerebro lleno de miedo, aterrorizado. Pero esa película no solo se manifestaba en mi cabeza, abarcaba un alarmismo paralizante en todo mi cuerpo… y por qué no decirlo, hasta en mi alma.

Siempre he sido una persona peculiar, preguntona, rebelde, «rara». Nunca he querido decir «soy migrañosa«. La palabra me parece horrible. Crea una identidad con algo que no soy, solo algo en lo que «estoy», en un estado.  En estos meses de estudio y práctica creo que, aparte de «arrancarse de cuajo» el miedo (básicamente “saberse capaz de perder el miedo a llevar una vida normal”), es fundamental «quitarse la etiqueta». Yo no soy migrañosa. Yo soy una persona que ha vivido un estado de  dolor del tipo que se define como migraña, por un tiempo determinado (aunque sean muchos años). Arturo me abrió los ojos cuando me explicó el  «Ser o estar». “To be or not to be”.

Para alguien como yo que ha vivido toda su vida (mi primera pastilla con su correspondiente «diagnostico» a los 11 años y tengo 53…) entrando y saliendo de hospitales, DEJAR de tener dolor es abrazar la libertad y, desde mi punto de vista, abrazar la libertad es salir de la cárcel, quitarse las cadenas, quitarse las etiquetas. Yo no soy migrañosa. Yo no soy EX-migrañosa. Pero HOY digo que ya he dejado de tener migraña. Ya estoy LIBRE de migraña. Ya no tengo migraña. HOY.  Y mi mundo es hoy. Nadie vive en el mañana.

Como coleccionista avezada de «etiquetas médicas»,  he tomado la decisión de dejar ya atrás este hábito de almacenar estas absurdeces. ¿Me dolerá la cabeza? Pues no lo sé. Yo sé que ya VIVO LIBRE de la etiqueta de MIGRAÑA. Aun me quedan más «etiquetas» para DES-activar (primero desactivar la etiqueta, luego los síntomas). Quiero y debo poner el FOCO en mi estar, en el hoy, en este momento, porque SOY una persona razonablemente sana, a pesar de los intentos continuados (y frustrados) que «la opinión médica experta» ha arrojado sobre mí.

Esta es mi receta:

INVESTIGA

ESTUDIA

ENTRENA

ACEPTA

INTEGRA

ACCIONA

Este es mi mantra:

STOP-DOLOR. STOP-ETIQUETAS.

Este es mi sentimiento:

SU-SANA.


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