Por mucho que me empeñe en mejorar la salud de una persona no lo conseguiré sin su ayuda. Ya puedo tener todos los conocimientos del cuerpo humano o de las programaciones mentales, de temperamentos, comportamientos psicológicos, no sirven de nada todas las herramientas que he adquirido si no hay colaboración, ni conmigo, ni con ningún profesional del sector.

Me explico: En la sociedad que vivimos estamos acostumbrados a que si padecemos de un mal, o dolor, el médico es el que posee los suficientes conocimientos para ayudarnos a sentirnos mejor, y a él le exigiremos que nos alivie o nos cure, y así es cuando ese dolor proviene de un daño físico, véase infección, virus, inflamación, etc.., ese daño se puede corregir con medicación, dieta adecuada, rehabilitación, incluso reposo.

Pero, ¿que ocurre cuando ese dolor no viene de un daño físico?

Me he encontrado multitud de veces en esa situación. El paciente viene con ese dolor,  y que tras múltiples visitas a especialistas le han dicho que no hay nada corporal, nada que se aprecie en radiografías, ecografías, escáneres, y un largo etcétera. Es entonces cuando hay que empezar a trabajar en serio. Yo pondré toda mi buena voluntad, todos mis conocimientos, pero necesito de la complicidad de la persona.

Se empezará a indagar (testar) en todo el ser: estructura, emocional, químico, eléctrico, energético, incluso cuerpo sutil. Si la persona no se deja o tiene resistencias, poco puedo hacer, pero las que si se dejan, y colaboran y además aprenden, la recuperación será rápida y el cambio de vida es una realidad.

No son en balde son las puntuaciones y reseñas que tengo en google  https://g.page/centre-massatges-ramon-boladeras/review o las que se han escrito en mi blog: http://blogramonboladeras.eu/index.php/acerca-de-mi/ de aquellos pacientes que han obtenido una gran o total mejora de su salud y que con sus opiniones colaboran a que otras personas confíen en mi técnica, que aunque lo parezca, no es milagrosa, es sólo cuestión de lógica, tener la mente abierta, confianza y saber que aunque sea muy hondo el pozo, siempre se puede salir, para no volver a entrar.


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