Me gustan los viernes por la noche. Me gustan los viernes por la noche porque el sábado, por regla general no tengo que madrugar, ni obligación alguna que me haga poner el despertador. La tranquilidad de la madrugada del sábado me invita a reflexionar y a escribir mis pensamientos, sin tener ninguna prisa.

Me gusta pensar en mis pacientes, en mi trabajo, en como he llevado la semana. Reflexiono sobre lo que me han explicado, en lo bien que lo hacen y en lo mal que yo lo hago, en la pasión que ponen, y en el hastío que me supone a veces involucrarme tanto en sus problemas.

Pero sobre todo, tras las personas que me visitan esperando que las ayude, detrás de cada una de ellas hay una historia personal y fantástica, de las que de todas ellas aprendo, y eso me enriquece para poder ayudar a muchas más. Ya conocéis a mi amigo Antonio, y como de él, conozco muchas intimidades de multitud de personas que confían y saben que les puedo ayudar a nivel físico, emocional o energético sin que nada salga de las cuatro paredes que nos envuelven.

Agradezco infinitamente a todas aquellas personas que os veis identificadas con mis palabras, seguro que me refiero a ti: Rafi, Silvia, Patry, Sheila, Noe, Marta, Angel, Ariadna, Antonio, Cinto, Judith, Judit, Joan, Anna, Oriol, Olga, Gemma, Joan Pere, Carme, Carol, Yolanda, Iolanda, Sergio, Arnau, Mónica, Bea.., haber aprendido a empatizar y a su vez quererse no es tarea fácil, pero ese es mi trabajo, conseguir que os queráis, que no os juzguéis y sobre todo a ser libres, por mucho que cueste liberarse de esas cadenas que la sociedad nos ha impuesto.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *